Fran J. Pérez, Vicepresidente de la Fundación
Los resultados cosechados por los principales partidos socialistas y socialdemócratas europeos en las recientes elecciones al Parlamento Europeo, superados en votos por las formaciones de la derecha en la mayoría de los Estados Miembros, con un notable avance de la ultraderecha, deben hacer reflexionar al conjunto de la izquierda europea.
Parece incuestionable que la caída del Muro de Berlín en 1989 provocó un relativo desconcierto en su seno. Dicho acontecimiento parecía traer aparejado el triunfo absoluto del ideario capitalista, el establecimiento de un pensamiento único: el neoliberalismo. Sus principales actores parecían carecer de una oposición ideológica fuerte, por lo que consideraban que tenían vía libre para desarrollar su versión más dura. Así poco a poco, el mapa de Europa fue tiñéndose de azul, inspirado en gobiernos conservadores como el de M. Thatcher. Además, el abrazo al capitalismo de los antiguos países comunistas, que veían en él su nueva religión vino a favorecer este fenómeno.
Mientras tanto, los partidos de la izquierda, especialmente los socialistas y socialdemócratas, comenzaron a sentirse descolocados en este nuevo panorama político, con un notable complejo a la hora de plantear sus políticas progresistas, con miedo a que su discurso fuera tildado de neocomunista o de anticuado.
Por eso, estos partidos fueron poco a poco despojándose de su mensaje ideológico tradicional, interiorizando el mensaje del fin de las ideologías, intentando no salirse de lo políticamente correcto, en una palabra, en caer en la trampa perfectamente urdida desde la derecha.
Todo este proceso ha venido provocando un paulatino distanciamiento de los partidos socialdemócratas europeos de su electorado, un abandono de su base social, lo cual ha sido fuertemente castigado electoralmente. Los votantes de izquierdas no toleran que sus partidos imiten las políticas liberales de la derecha, que no planteen por ejemplo candidatos alternativos a la Presidencia de la Comisión Europea, y los castigan con una importante abstención. Se estima que más de un treinta por ciento del electorado de izquierdas se abstuvo en las últimas elecciones europeas, mientras que los votantes de la derecha mantuvieron una participación electoral más cercana a los niveles de voto habituales.
Urge pues, que la socialdemocracia europea realice una profunda reflexión, así como una revisión de sus propuestas programáticas, a fin de volver a ilusionar a su electorado, recuperando los valores que les han caracterizado, que sintonicen con su base social: los trabajadores/as, principales damnificados por la crisis económica internacional, que sin ser los culpables son en muchos casos olvidados. Deben igualmente recomponer sus relaciones con los sindicatos y con el resto de entidades sociales, Han de formular políticas progresistas valientes, que refuercen la economía productiva frente a la especulativa, favoreciendo la innovación, que promuevan la inversión en tecnologías respetuosas con el medio ambiente, que supongan un incremento en la protección social, evitando prácticas abusivas contra los trabajadores/as; todo ello aprovechando los vientos de cambio que provienen del otro lado del Atlántico.

Comments

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.